martes, 4 de enero de 2011

Estoy agradecida por... la distancia.

Tal vez no sea fácil concordar en ésto conmigo. Pero la distancia ha sido, en mi experiencia, una gran aliada en mi relación con mi familia extendida e incluso con amigos.

Haber salido de la Ciudad de México antes de la primaria permitió que mis padres tomaran decisiones en cuanto a nuestra educación sin la presión social de ambas familias. Siendo yo la mayor de los nietos por ambas familias no me causó mayor conflicto... finalmente estaba yo acostumbrada a que éramos sólo Ana y yo.

Yo creo que muchos de mis tíos creen que crecí "conociéndolos" por las historias de mis papás, que éso distorsionó mi concepto de ellos y sus situaciones. Pero cada visita, cada Navidad, yo observaba... observaba y contrastaba. Muchas historias resultaron ciertas, pues al paso de los años brincan como piedritas en el arroz. Otras no lo fueron, y me precio de poder distinguir la diferencia. Pero creo que la perspectiva me la da, sin duda, la distancia.

Estando acá (donde quiera que ésto fuera en cada temporada) puedo ver las "chilangueses" de mis primos y ellos nuestras "provinciadas" adquiridas. Ésto ha permitido charlas e intercambios con ellos y ellas que me parecen muy enriquecedores.

Pero sobre todo, estando lejos me he librado de pleitos y malos entendidos, unos pasajeros y otros ya conflictos de años, que pudieran haber nublado mi vista y mi juicio. Gracias a la distancia es que puedo seguir amando a cada uno, a cada una, con transparencia e incluso con inocencia. Y a veces es curioso descubirir que algunos de ellos no... espcialmente algunos de mis tíos. Realmente creen que al hacerme adulto adquirí malicia y tomé partido en la familia. Así que anuncio formalmente que no... mi única fidelidad, si hubiera que tomarla, es con la familia que elegí formar con Manuel. Toda la demás familia al rededor tiene sus propios personajes y sus propios responsables.

La distancia fue lo que me ayudó a decidir, en cada etapa de mi vida, al hombre que tocaba que me acompañara, y cuando ya no era con él con quien debía seguir caminando. ¡Bendita distancia, que trajo lo que tocaba y se lo llevó despues!

Así que estoy muy, pero muy agradecida por ésto... ¡gracias por la distancia que me permite seguir viéndolos en su esencia y apreciándolos por lo que son!

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