domingo, 2 de enero de 2011

Estoy agradecida por... la capacidad de agradecer.

Decidí llamar a éste ejercicio una sadhana porque no es nomás escribir por escribir. Realmente espero que éste ejercicio produzca una transformación en mi, como creen los judíos sobre la oración frente al Muro por cuarenta días. No estoy segura si publicar en Facebook y en éste blog sea orar precisamente, pero al menos el ejercicio tendrá la misma intención de alzar la voz para agradecer.
Si acaso alguien no vió mi estado en Facebook el día de ayer, todo comenzó al caer en cuenta de que del día 1º del año a mi cumpleaños hay cuarenta y un días. Y algo debe haber en torno a éste místico número, que algunos procesos de introspección y renacimiento duran 40 días según la Biblia... el desierto de Jesús... la travesía del Arca...

Debí haber publicado ésto ayer, pero agradecer por algo todos los días es un ejercicio totalmente nuevo para mi. Divagué todo el sábado pensando qué podría ser lo primero. Como suele pasarme, mi perfeccionismo se adelanta a mi voluntad y la detiene.
Hoy me levanté decidida a romper con sus codependencias, e inicio agradeciendo la capacidad de hacer éste ejercicio: mis manos y mis dedos, mi computadora, mi conocimiento de la lengua española, mi habilidad mecanográfica, el espacio que yo misma me he proveído al iniciar éste blog... no cabe duda que las cosas se van gestando desde mucho antes, sin que uno siquiera imagine los alcances de sus acciones.

Especialmente quiero agradecer la capacidad intelectual y espiritual para agradecer. Aún creo que tengo mucho que aprender en cuanto a la Gratitud como valor, pero ya el simple hecho de decidirme a iniciar ésta sadhana me parece a mi mísma muy valioso. Sería muy sencillo seguir en mi propio hoyo quejándome de mis desventuras.

Va pues el inicio de mi ejercicio... ¡gracias porque puedo agradecer!

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